Ayer, platicando con mi vecino, hablando de amores bien y mal avenidos he decidido desarmar mis naves.
Quiero olvidar por seis meses la añoranza.
Deseo fervientemente no recordar labios, ni presencias. No sufro, pero estoy tan indiferente que me asusto, pues estoy al grado del extremo y ese me hace mal en fechas de lluvia.
Me aburriré, por supuesto, pero es tiempo de un poco de espiritualidad.
Tomaré mi antigua vida por un mes: julio.
Me gastare sin pensar mi sueldo entero por salir a ver a los amigos fuera del DF.
Puebla y Cuernavaca están en primer lugar.
Monterrey, no lo sé, no deseo me duela el corazón cuando pase por el Cerro de la Silla y vea el metro donde anduviste en aquel febrero.
Me escapare en cuanto pueda a ese puerto entre desierto y playa de Sonora.
Valle de Bravo serán días especiales para no pensar en el mundo.
Regresare a las fiestas de quince años, bodas y anexas. Sólo me late distracción sin sentido.
Leeré la pequeña torre de libros en la semana.
Iré al 2 x 1 al cine de los miércoles.
Invitaré a la fiesta parroquial del 25 de julio a mi vecino y comeremos tacos con banda de fondo.
La sinfónica tocará a Queen así que me iré hasta atrás y sola, escuchando música.
Y por más cursi que suene, me rentare de nuevo Volver para cantar con la Cruz.
Grabare mi demo, por fin.
Sólo seré tu amiga, la mejor. Prohibido se enamoren de mí.
Dejo un mes el chat. No me busquen.
Es hora de desarmar las naves, para retomar el mar.
Hallar la esperanza es mi puerto y reencontrarme es mi destino.
He dado demasiadas vueltas perdiéndome en islas que no valen la pena. Ahora lo sé.
Y lean Saramago con la isla...
26 junio 2007
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