19 octubre 2007

Medio ambiente en la Ciudad


Hace más de 20 años, la ciudad quería ser cosmopolita. Tener un auto, construir todos los espacios y gastar agua con la manguera era de lo más usual.


Pero sucedió que el terremoto vino a hacernos descubrir que somos vulnerables. Luego, llegaron los niveles de contaminación cada día más fuertes.


Se veía a lo lejos una nata café como nubes catastróficas en el horizonte. Veía a niños enfermos todo el tiempo.


Los árboles eran tristes y decaídos ante la lluvia ácida. Y los pájaros empezaron a ser menos.


Fue cuando descubrimos que se estaba acabando el agua y que nos ahogabamos en nuestra propia basura.


Se dejaron de ver los cerros alrededor de mi ciudad.


Y fue cuando en las escuelas nos pidieron usar tapabocas.


Entonces, mis padres se preocuparon. Entonces mis vecinos dejaron de usar el auto hasta para ir a la tienda. Y fue entonces, cuando en la escuela, nos pidieron sembrar árboles, recoger la basura y no tirar agua bajo ningún motivo.


Hoy no ha mejorado tanto la situación.


Pero me alegra encontrar palabras de tristeza cuando corta un árbol una autoridad o alguna persona insensible. La gente le duele, le preocupa.


Hay pequeñas plantas en los balcones. Y nadie se queja tanto cuando deja de circular un día con el carro.


Si alguien tira agua con su manguera es tachado de despota, de inconciente.


Los pájaros volvieron a cantar con más fuerza.


Y de vez en cuando, al soplar el viento fuertemente, se logran ver los cerros.


Falta mucho, pero ahí vamos en el medio ambiente.


No dejes a otra generación un planeta enfermo.





De ida y vuelta con sus alas


El amor viene en épocas extrañas.


Octubre no me parece un tiempo para reanudar su juego conmigo.


Pero lo hizo de nuevo.


Me consterno con besos inesperados, me tendio sus brazos, se mostro con tiernas palabras y se coloco alividamente por mi pecho.
Danzo un día y otro, uno más... con mi cintura. Volo, volo y volo por mi cabeza y descubrio mis pies para ponerlos a dar pasos en la oscuridad de mi mente.
Se alojo en mi sangre y la hizo burbujear con la fantasía.
Me intoxico con un aroma ya conocido en mi nariz. Me perturbo el tacto, pues sólo busco una piel.
Mi mente dice: alerta, cuidado. Pero mi ser pide dejarme elevar con sus alas.
Finalmente, ya sé donde va a terminar si se va pronto. Finalmente, conozco me llevará a la locura si continua.
Para las épocas extrañas del amor, octubre es bueno. Otros lo vislumbran en febrero, se dicen cursis.
Pero en mí, se aloja en los momentos inesperados. En los que me ataca febrilmente cuando no busco nada.
De ida y vuelta con sus alas en octubre.
Entraré por ti al aeropuerto de los sentidos por verlo planear... una vez más.

05 octubre 2007

Se acerca el día


Un 17 de octubre del 2004, decidí emprender un camino de tu mano. Luego, una maraña de encuentros y desencuentros hicieron que nos perdiéramos muy lejos, pero a la vez cerca.

Hace un año, en el 2006, la vida nos hizo toparnos frente a frente y continuar alimentando al muerto que vivía en nuestros sueños.

Yo te hice una advertencia aquel 17 de octubre. Te mencione que deseaba cerrar mi ciclo. Y ya para este 2007, he cumplido mi cometido con un poco de amargura en mi boca.

Viví momentos hermosos. Pero también tristes, muy tristes, de soledad, de incertidumbre, de vaguedad. Lástima que sigamos medio acompañados. Sólo que hasta aquí. Ya no deseo seguir el juego. Es hora de tomar aire y voltear a ver el horizonte, sin ti, sin tu presencia. Buen adiós para ti. Un tranquilo adiós para mí.

La nostalgia

Si te digo que fui feliz, no es cierto.
No creas lo que yo creo cuando me engaño.
El recuerdo embellece lo que toca:
te quita la jaqueca que tuviste,
el sopor de la siesta lo transfigura en éxtasis
y, en cuanto a ese zapato que apretaba
tanto que te impidió bailar el primer baile,
no hubo zapato. Mira: estás descalza, danzas
eternamente ingrávida en el círculo
cerrado de un abrazo.
Danzas sin esa doble barbilla de tu gula,
sin esa arruga artera
que está acechando alrededor de tu ojo.
Rosario Castellanos