
Hora de la muerte:
18 de octubre, 9:00 hrs.
No podía concentrarme en el trabajo si continuaba con la sensación. Han sido días difíciles, de hartazgo, de pena, con desamor y desazón, sin esperanza. He recibido traición, ironía, humillación, regaños. Horas de muerte.
Me he sentido peor que chinche, peor de amor, cuestionando acciones, mis acciones, mi karma. Son de esas ocasiones que terminas por decir: Si hice algún mal, ya estoy pagando con creces, el detalle es no me acuerdo que hice.
Afortunadamente había bebido un torito antes de las catástrofes. Se me subió bastante, pero no importa, pa ' que recordar mi cruda memorable de trabajar entre semana con un dolor de cabeza taladrando mi existencia entre llamadas, poner cara bonita y atender los pendientes laborales.
En fin, que mi punto más guacho, cucho y chafa llego el pasado viernes: con un examen encima, con el corazón roto, con burla de un antiguo fantasma, me encontraba en una pinchurrienta comby directa, sentada hasta adelante (o sea, debo agradecer aún son bonita y los chafiretes me trepan como trofeo cerca de ellos), escuchando a los Bukis de fondo y recordando, como en las pelis cursis, mi vida por 5 pesos.
Ahí me dije: si, llegaste a tu límite más bajo. La cereza del pastel llegó con la canción esa que me recuerda a mis ex's, a esa peli que no entiendo el por qué, me causa melancolía y nostalgia de Y tú mamá también, esa rola de Marco Antonio Solís me pone como frutsi pateado, exprimido, chupado y roto por tanta patada: Si no te hubieras ido fuera tan feliz.
Chillé, no me pude contener, en el tráfico asfixiante de esta mi ciudad, en su asfalto de chapopote que se asemeja a mi alma de carretera: con baches, con chipotes, remodelada, en construcción. Y chillé: por tus palabras de no tengo tiempo, por tus promesas, porque se te olvidó era tu amiga, por las enfermedades, por las alegrías, por las acciones que han hecho cada una de las personas en mí.
Y ahí en mi jodida existencia aplanatada o aplastada en el asiento delantero de una comby me salió el espíritu del Gallo de Oro, al estilo Narciso Busquets: Si yo te elevé, yo te bajo y viceversa.
Ya toque fondo, no hay más para donde, sólo para arriba.
Mis días de la hora de la m, deben pasar pronto, mis cicatrices igual.