es la hora que no llega. Si, lo sabía, no debí tentar al destino con esa visita. Pero diantres, una parte de mí lo necesitaba, otra, se negaba rotundamente.
Si llegará a resultar algo de esta locura en la cual entré sin permiso, con sonrisas, será un resultado inesperado, a la vez parteaguas en mi vida. Ya vivo el infierno, lo toco, lo trago en mis profundidades me atormenta en amaneceres y noches. Mis latidos se acentúan cada vez más, el recorrido de las horas es una angustia permanente, cuando salgo a la calle parezco autómata, con preguntas en mi cabeza, repasando cada detalle, cada momento, buscando el maldito error y diciendo: si, ahí está, ese fue el instante que no debiste olvidar.
Maldita sea, porque no pude preveer una situación así. ¿Qué más deberé aprender? Y ahora, la fortaleza, y ahora, la tristeza, y ahora, enfrentarme ante una muerte y vida, ante mis errores por no detenerte cuando debía.
Somos cómplices en injusta forma, pues tú te alejas y yo, en medio del futuro, me preguntó si podré resistir con mis lágrimas y la vida.
Muérete conmigo.
Revive conmigo.
16 octubre 2006
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