
Misses Hyde odiaba que la Dra. Jekyll no pudiera decir: No. O vete a joder a otra parte.
Una tarde de principios de verano la Dra. Jekyll fue invitada por un antiguo amor a festejar un tardía celebración. Caminaron ella y él por diversas calles hasta que terminaron en frente de una plaza donde se vende más que sexo por la ciudad.
Ahí, la Dra. Jekyll quiso abortar la misión. Pero Misses Hyde, encerrada por pésima conducta, se complació en retar a la linda Jekyll.
- Anda, a que te vas y no te atreves a entrar a ese lugar de exóticas luces neón. Seguro ves la cara de tu antiguo amor pidiéndote con sus pequeños ojos a entrar.
Cobarde, cobarde, repetía Hyde. Y una sonrisa rebotaba por el cráneo de Jekyll. No, no la vería arrepentirse.
Por fin entraron. Pidieron una mesa un poco discreta en medio de una obscuridad tal, que se pensaría entrabas a las puertas de una casa embrujada.
Hyde entonces intrigada se dispusó a observar el espectáculo.
Idas y vueltas de meseros que traían cerveza y demás licores de diversos colores.
Luego, hombres solos o acompañados en mesas, bebiendo y tratando de animar su persona, en medio de nerviosismo. Hyde se percató que para unos era su primera vez.
Finalmente, las bailarinas, que poco a poco se despojaban de sus ropas y se cubrían la vagina.
Entonces las carcajadas de Hyde no se hicieron esperar. Jekyll entró al baño para apaciguarla. Hey, es temprano, no rebasan ni las 7 de la noche.
Claro, por eso las putas están en primera mesa, respondió. La Dra. Jekyll se arregló los lentes de contacto y no quiso escuchar majaderías. Pero al volver a su mesa, ya estaban bailando los hombres y llevando a las mujeres con diversas posiciones con fondo de música de Soda Stero.
Es mejor de lo que esperaba, ahora si gritó Hyde. Quería salir y ponerse sus zapatos para iniciar su malsana conducta.
Pero se detuvieron las dos cuando observaron atentamente a quien había propuesto el lugar. ¿Quería excitar a la Dra. Jekyll? ¿Cuál fue su patético plan?
Ahí fue cuando Misses Hyde tomó el control. ¡Bienvenida a la vida de nuevo!
Pasaron unas horas y de regreso Misses Hyde sólo se limpiaba de nuevo la sangre. La señora del servicio doméstico ahogo otro grito al verla, pues una bolsa negra había sido usada.
Una tarde de principios de verano la Dra. Jekyll fue invitada por un antiguo amor a festejar un tardía celebración. Caminaron ella y él por diversas calles hasta que terminaron en frente de una plaza donde se vende más que sexo por la ciudad.
Ahí, la Dra. Jekyll quiso abortar la misión. Pero Misses Hyde, encerrada por pésima conducta, se complació en retar a la linda Jekyll.
- Anda, a que te vas y no te atreves a entrar a ese lugar de exóticas luces neón. Seguro ves la cara de tu antiguo amor pidiéndote con sus pequeños ojos a entrar.
Cobarde, cobarde, repetía Hyde. Y una sonrisa rebotaba por el cráneo de Jekyll. No, no la vería arrepentirse.
Por fin entraron. Pidieron una mesa un poco discreta en medio de una obscuridad tal, que se pensaría entrabas a las puertas de una casa embrujada.
Hyde entonces intrigada se dispusó a observar el espectáculo.
Idas y vueltas de meseros que traían cerveza y demás licores de diversos colores.
Luego, hombres solos o acompañados en mesas, bebiendo y tratando de animar su persona, en medio de nerviosismo. Hyde se percató que para unos era su primera vez.
Finalmente, las bailarinas, que poco a poco se despojaban de sus ropas y se cubrían la vagina.
Entonces las carcajadas de Hyde no se hicieron esperar. Jekyll entró al baño para apaciguarla. Hey, es temprano, no rebasan ni las 7 de la noche.
Claro, por eso las putas están en primera mesa, respondió. La Dra. Jekyll se arregló los lentes de contacto y no quiso escuchar majaderías. Pero al volver a su mesa, ya estaban bailando los hombres y llevando a las mujeres con diversas posiciones con fondo de música de Soda Stero.
Es mejor de lo que esperaba, ahora si gritó Hyde. Quería salir y ponerse sus zapatos para iniciar su malsana conducta.
Pero se detuvieron las dos cuando observaron atentamente a quien había propuesto el lugar. ¿Quería excitar a la Dra. Jekyll? ¿Cuál fue su patético plan?
Ahí fue cuando Misses Hyde tomó el control. ¡Bienvenida a la vida de nuevo!
Pasaron unas horas y de regreso Misses Hyde sólo se limpiaba de nuevo la sangre. La señora del servicio doméstico ahogo otro grito al verla, pues una bolsa negra había sido usada.
1 comentario:
Qué vida!!!
Es sorprendente el valor que nos confiere el uso de las letras. Te felicito por esa brillante cabeza, por manejar ocn virtuosisimo el arte de la escritura.
Me encantó este texto. Sobre todo el realismo con que manejas las acciones de los personajes.
Felicidades.
Publicar un comentario