
El día de ayer, una amiga me pasó la liga para confirmar, lo que ya habíamos sospechado desde que inició el afamado Teletón: qué tanto es beneficiencia pública o particular.
Si recuerdan, el primer escándalo fue del Monte de Piedad, quien donó muchos recursos y tiempo después se quejaba de no haber solvencia para sus empleados.
Luego, el melodrama de cada año y el bombardeo desde noviembre para "cooperar" voluntariamente a fuerza.
Si notan, últimamente ciertas empresas se han dedicado a cubrir servicios públicos que antes hacía el gobierno. Yo digo en este aspecto, que no nos beneficia en nada porque ni podemos exigir cuentas en las empresas y menos saber dónde están los recursos gubernamentales destinados a ciertos programas como salud, educación, desarrollo social, etc.
En lo personal, el Teletón me parece un desfile de vanidades, lágrimas y demás hipocresías.
Y si nos enteramos que nuestra ayuda se va para disminuir o anular los impuestos a la empresa que organiza el Teletón, a mí, en lo particular, me provoca un ardor en el estómago.
Claro, hay que ayudar, ¿peró qué tanto se les da a las personas con discapacidad, el apadrina, educativos y demás? Excepto, claro, no dudo de las instituciones de beneficiencia de cáncer y la organización de la Sra. Sendel.
Pensemos antes de donar seriamente.
Pueden vericar la nota de Noé Guerra aquí
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