Un 17 de octubre del 2004, decidí emprender un camino de tu mano. Luego, una maraña de encuentros y desencuentros hicieron que nos perdiéramos muy lejos, pero a la vez cerca.
Hace un año, en el 2006, la vida nos hizo toparnos frente a frente y continuar alimentando al muerto que vivía en nuestros sueños.
Yo te hice una advertencia aquel 17 de octubre. Te mencione que deseaba cerrar mi ciclo. Y ya para este 2007, he cumplido mi cometido con un poco de amargura en mi boca.
Viví momentos hermosos. Pero también tristes, muy tristes, de soledad, de incertidumbre, de vaguedad. Lástima que sigamos medio acompañados. Sólo que hasta aquí. Ya no deseo seguir el juego. Es hora de tomar aire y voltear a ver el horizonte, sin ti, sin tu presencia. Buen adiós para ti. Un tranquilo adiós para mí.
La nostalgia
Si te digo que fui feliz, no es cierto.
No creas lo que yo creo cuando me engaño.
El recuerdo embellece lo que toca:
te quita la jaqueca que tuviste,
el sopor de la siesta lo transfigura en éxtasis
y, en cuanto a ese zapato que apretaba
tanto que te impidió bailar el primer baile,
no hubo zapato. Mira: estás descalza, danzas
eternamente ingrávida en el círculo
cerrado de un abrazo.
Danzas sin esa doble barbilla de tu gula,
sin esa arruga artera
que está acechando alrededor de tu ojo.
Rosario Castellanos
Hace un año, en el 2006, la vida nos hizo toparnos frente a frente y continuar alimentando al muerto que vivía en nuestros sueños.
Yo te hice una advertencia aquel 17 de octubre. Te mencione que deseaba cerrar mi ciclo. Y ya para este 2007, he cumplido mi cometido con un poco de amargura en mi boca.
Viví momentos hermosos. Pero también tristes, muy tristes, de soledad, de incertidumbre, de vaguedad. Lástima que sigamos medio acompañados. Sólo que hasta aquí. Ya no deseo seguir el juego. Es hora de tomar aire y voltear a ver el horizonte, sin ti, sin tu presencia. Buen adiós para ti. Un tranquilo adiós para mí.
La nostalgia
Si te digo que fui feliz, no es cierto.
No creas lo que yo creo cuando me engaño.
El recuerdo embellece lo que toca:
te quita la jaqueca que tuviste,
el sopor de la siesta lo transfigura en éxtasis
y, en cuanto a ese zapato que apretaba
tanto que te impidió bailar el primer baile,
no hubo zapato. Mira: estás descalza, danzas
eternamente ingrávida en el círculo
cerrado de un abrazo.
Danzas sin esa doble barbilla de tu gula,
sin esa arruga artera
que está acechando alrededor de tu ojo.
Rosario Castellanos
No hay comentarios.:
Publicar un comentario